martes, 20 de octubre de 2026

Bruselas en 4 días: mi experiencia real, dónde comer y cuánto gasté.

Qué ver en Bruselas, restaurantes que probé, precios y mis impresiones personales de la capital belga.

Bélgica, un destino que no me había convencido anteriormente

Del 13 al 16 de octubre de 2026 viajé a Bruselas para conocer su capital. No era mi primera visita a Bélgica: años atrás ya había estado en Brujas, Gante y Amberes, y ninguna de aquellas ciudades terminó de convencerme especialmente.

Por eso, esta vez no llegaba con grandes expectativas. Quería conocer Bruselas por mí mismo, recorrer sus calles, visitar algunos museos y, sobre todo, descubrir su gastronomía.

Después de cuatro días, mi impresión fue bastante desigual. Encontré edificios históricos interesantes, museos que merecieron la pena y restaurantes que me sorprendieron positivamente. Sin embargo, también hubo aspectos de la ciudad que no me gustaron, especialmente la suciedad que encontré en algunas zonas.

En cambio, la gastronomía asiática fue una de las grandes sorpresas del viaje. Descubrí restaurantes chinos que me gustaron tanto que terminé repitiendo al día siguiente.

Esta es mi experiencia real, con los lugares que visité, lo que comí, los precios que pagué y mis opiniones personales. Porque viajar no consiste en decir que todo es maravilloso, sino en conocer los lugares por uno mismo y explicar honestamente qué merece la pena y qué no.

Día 1. La catedral, las Galerías Reales y las famosas patatas fritas belgas

Martes, 13 de octubre de 2026

El viaje comenzó con un vuelo de Vueling desde Barcelona, con salida a las 7:30 y llegada a Bruselas a las 9:45.

Después de llegar, tocaba empezar a descubrir la ciudad. Aproveché la mañana para visitar varios lugares del centro y probar una de las especialidades gastronómicas más conocidas de Bélgica.

Tondo: una primera parada sin turistas

Una de las primeras paradas fue Tondo. Me pareció un lugar bonito y fotogénico, especialmente porque cuando fui no había turistas.

Es una visita que puedes aprovechar si te queda de paso y te apetece descubrir un rincón diferente. Sin embargo, no lo convertiría en un lugar imprescindible por el que organizaría expresamente todo un itinerario.

Catedral de San Miguel y Santa Gúdula

Después visité la Catedral de San Miguel y Santa Gúdula, uno de los edificios religiosos más importantes de Bruselas.

La catedral tiene una arquitectura interesante y merece la pena conocerla, pero mi impresión fue que no me resultó tan espectacular como otras iglesias que había visitado anteriormente, especialmente en Múnich.

Además, algunas partes estaban en restauración. El púlpito y varias estatuas no podían apreciarse con normalidad, algo que condicionó la visita.

No diría que no merezca la pena entrar, pero tampoco fue uno de esos monumentos que me dejaron completamente impresionado.

Galerías Reales Saint-Hubert: bonitas, pero no imprescindibles

También recorrí las Galerías Reales Saint-Hubert, uno de los espacios comerciales históricos más conocidos de Bruselas.

Me recordaron a las galerías de Milán, aunque me parecieron más pequeñas. Son elegantes, tienen una arquitectura bonita y resulta agradable caminar por ellas y observar sus escaparates.

Aun así, mi impresión fue que son más una parada para hacer durante un paseo por el centro que un lugar imprescindible. Si te quedan de paso, merece la pena verlas, pero no dedicaría demasiado tiempo exclusivamente a ellas.

Frites Atelier: patatas fritas por 20,21 €

Una de las primeras experiencias gastronómicas del viaje fue Frites Atelier, en Rue Sainte-Catherine 32.


Las patatas fritas me gustaron. Estaban buenas y la cantidad era bastante generosa, hasta el punto de que me dejaron satisfecho.

La cuenta fue de 20,21 €. Es un importe considerable para unas patatas fritas, así que hay que valorar tanto la cantidad como el precio. En mi caso, disfruté de la comida, aunque no es una opción que consideraría económica.

Si quieres probar una propuesta especializada en patatas fritas belgas, puede ser una parada interesante. Si tu prioridad es ahorrar durante el viaje, conviene tener presente el coste.

El Hemiciclo del Parlamento Europeo

Durante la jornada también visité el Hemiciclo del Parlamento Europeo.

La visita duró aproximadamente 30 minutos y, sinceramente, me pareció bastante floja. Esperaba algo más de la experiencia y terminé con la sensación de que no había sido una de las visitas más interesantes del viaje.

Una cosa es la importancia política de un lugar y otra la experiencia que ofrece al visitante. El Parlamento Europeo es una institución fundamental, pero eso no significa que una visita breve a su Hemiciclo tenga que resultar especialmente emocionante.

Parlamentarium: una visita más didáctica

El Parlamentarium me pareció más interesante desde el punto de vista didáctico.

Aquí el objetivo es explicar la historia de la integración europea, el funcionamiento de las instituciones y cómo se toman decisiones que afectan a los ciudadanos.

Me parece una visita útil para entender mejor por qué Bruselas tiene tanta importancia política. Además, ofrece una experiencia más explicativa que la visita al Hemiciclo.

Si tuviera que elegir entre las dos, me quedaría con el Parlamentarium por su contenido y por la manera de acercar la historia europea al visitante.

Cena en Auntie Cafe: cocina cantonesa

Para terminar el primer día cené en Auntie Cafe, situado en Rue Grétry 25.

La cena fue de cocina cantonesa. Pedí una crêpe de cerdo laqueado, un surtido de carne cantonesa y dos Coca-Colas. El importe total fue de 34,50 €: 8 € por la crêpe, 19,50 € por el surtido de carne y 7 € por las dos bebidas.

Fue una cena que cerró una jornada en la que había combinado arquitectura, visitas institucionales y gastronomía.

Entre el desayuno en Pans & Company, el transporte en Monbus, el tren al centro, las patatas fritas y la cena, los gastos registrados del primer día sumaron 85,56 €. El desayuno costó 11,50 €, el transporte en Monbus 7,75 € y el tren 11,60 €.


Día 2. El Museo del Dinero, Manneken Pis, La Bellone y gastronomía china

Miércoles, 14 de octubre de 2026

El segundo día combiné varias visitas culturales con una cita relacionada con Immobel y diferentes paradas gastronómicas.

Museo del Dinero: una visita cultural diferente

Visité el Museo del Dinero, ubicado en Rue Montagne aux Herbes Potagères 57.

La visita duró aproximadamente 45 minutos y fue gratuita.

Me parece una alternativa interesante para quienes quieren variar el tipo de museos que visitan. En lugar de centrarse en arte o arquitectura, permite acercarse a la historia del dinero, la banca y la economía.

Es una visita que puede encajar bien en un itinerario por el centro y que permite aprovechar el tiempo sin aumentar el presupuesto.

Manneken Pis: pequeño, famoso y muy turístico

También visité el Manneken Pis, la famosa estatua del niño orinando que se ha convertido en uno de los símbolos de Bruselas.

Es curioso cómo algunos monumentos adquieren una fama enorme a pesar de su tamaño. Cuando llegas, descubres que se trata de una estatua pequeña, muy diferente de la imagen que puedes imaginar después de verla tantas veces en fotografías.

Creo que merece la pena conocerla si estás recorriendo el centro, pero no le dedicaría demasiado tiempo. Es una parada breve que puedes incluir mientras caminas por la ciudad.

La Bellone

Otra de las visitas del día fue La Bellone, un espacio cultural relacionado con las artes escénicas y la creación contemporánea, ubicado en un edificio histórico.

Me parece interesante descubrir lugares de este tipo porque muestran una faceta cultural diferente de Bruselas. No todo gira alrededor de las instituciones europeas y los monumentos más conocidos.

La visita fue gratuita.

WOLF Food Market: lo visité, pero no comí allí

También pasé por WOLF Food Market, un mercado gastronómico con diferentes puestos y propuestas culinarias.


La idea me parecía interesante, pero cuando estuve allí no terminó de convencerme. Me dio una impresión demasiado turística y preferí no comer.

No siempre un lugar recomendado termina encajando con lo que buscas. A mí me gusta descubrir restaurantes con una propuesta gastronómica interesante y que me despierten curiosidad, y en esta ocasión decidí buscar otra alternativa.

Mi gasto en WOLF Food Market fue de 0 €.

Comida en La Taverne de ZHAO

Ese día comí en La Taverne de ZHAO, en Rue Saint-Boniface 34.

La comida incluyó cerdo, ternera, pollo frito y Coca-Cola. La cuenta fue de 41,23 €, pero me invitó Kongui.

Por tanto, aunque la comida tuvo ese coste, no supuso un gasto personal para mí. Es importante distinguir entre el precio de una experiencia y el dinero que realmente sale de tu bolsillo cuando viajas.

Cita con Immobel

A las 14:00 tenía una cita con Immobel, en Boulevard Anspach 1, que se prolongó aproximadamente hasta las 15:00.

El viaje no fue exclusivamente turístico. También aproveché la estancia para resolver gestiones personales y organizar algunas actividades alrededor de esos compromisos.

Il Café: un café con leche por 6,70 €

Durante la jornada hice una parada en Il Café, donde pedí un café con leche por 6,70 €.

Puede parecer un gasto pequeño comparado con una comida completa, pero es uno de esos importes que conviene registrar cuando viajas. Entre cafés, bebidas y pequeños consumos, el presupuesto diario puede aumentar más de lo que parece.

Galet The Mint: gofre de manzana con caramelo

Otra parada gastronómica fue Galet The Mint, donde tomé un gofre de manzana con caramelo por 14 €.

Es importante distinguirlo de una crêpe: en este caso fue un gofre, una especialidad que encaja perfectamente con la tradición dulce que asociamos con Bélgica.

El importe es considerable para una merienda. Es uno de esos gastos que conviene tener en cuenta si quieres calcular cuánto cuesta realmente comer fuera durante una escapada.

Entre el café y el gofre, los gastos personales identificados de estas paradas sumaron 20,70 €, sin contar otros movimientos de la jornada cuyo concepto está pendiente de confirmar.


Día 3. El consulado, el Palacio de Justicia, Alley Mian, un gofre y una hamburguesa

Jueves, 15 de octubre de 2026

El tercer día fue especialmente completo. Combiné una gestión personal en el consulado con una visita al Palacio de Justicia y tres experiencias gastronómicas: comida china, una merienda dulce y una cena de hamburguesería.

Consulado General de España

La jornada comenzó con una visita al consulado para realizar un trámite relacionado con el registro electoral.

No era una actividad turística, pero formaba parte de los motivos por los que aproveché el viaje para organizar diferentes asuntos personales.

Después de terminar la gestión, continué con las visitas.

Palacio de Justicia: monumental, pero con obras

El Palacio de Justicia fue uno de los edificios que visité durante el día.

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El exterior estaba afectado por obras, así que el acceso se realizaba por la parte trasera. Había que pasar un control de seguridad y, una vez dentro, pude recorrer dos o tres salas mientras se celebraba un juicio.

La entrada fue gratuita.

La visita fue limitada, pero me pareció interesante poder entrar en el edificio y conocer parte de su interior. Eso sí, las obras exteriores y las restricciones de acceso condicionaron la experiencia.

Es un edificio de dimensiones impresionantes, aunque la visita real no fue tan amplia como podría imaginarse al ver fotografías del lugar.

Alley Mian: uno de los mejores descubrimientos gastronómicos del viaje

Después de las visitas, fui a comer a Alley Mian, uno de los restaurantes que más me gustaron durante mi estancia en Bruselas.


Me llamó la atención su propuesta de cocina china, la variedad de la carta y el estilo moderno del local. Es el tipo de restaurante que me gusta descubrir cuando viajo: una propuesta gastronómica concreta, con platos que despiertan curiosidad y una identidad propia.

Uno de los puntos fuertes fueron los fideos con sopa. Me gusta este tipo de cocina porque el caldo, los fideos y los ingredientes tienen un papel fundamental en el resultado final.

También probé dandan de Sichuan y raviolis picantes de pollo.

La comida me gustó tanto que al día siguiente volvería a comer allí. Y eso dice bastante de la impresión que me llevé: cuando estás de viaje y tienes tantos lugares por descubrir, repetir en un restaurante significa que la primera experiencia realmente te ha convencido.

La cuenta fue de 51,40 €. Incluía los fideos con costilla de ternera, por 21,80 €; el dandan de Sichuan, por 16,80 €; los raviolis picantes de pollo, por 8,80 €; y una Coca-Cola Zero, por 4 €.

La cuenta superó los 50 €, pero la experiencia fue positiva. No creo que un restaurante sea bueno únicamente porque sea barato. Para mí también importa la calidad de la experiencia, la carta y si los platos justifican lo que pagas.

En este caso, Alley Mian fue uno de los restaurantes que más destacaron durante el viaje.

Maison Dandoy: un gofre para merendar

Por la tarde hice una parada en Maison Dandoy para probar el gofre Sweet Manneken-Pis.

La merienda incluía caramelo salado, helado de vainilla y avellanas caramelizadas. El precio fue de 11,50 €.

Es una combinación dulce bastante contundente y una manera de probar una de las especialidades que más se asocian con Bélgica.

Eso sí, por 11,50 €, no es una merienda económica. Es un capricho que puedes incluir durante el viaje si te apetece probar una propuesta más elaborada, pero no es algo que debas considerar imprescindible si estás intentando reducir el presupuesto.

Cena en Manhattan: una hamburguesería

Para terminar el día cené en Manhattan, una hamburguesería.

La cuenta fue de 38,30 €.

No tengo recuperado el detalle de la hamburguesa, los acompañamientos ni las bebidas, así que prefiero no inventar qué pedí ni hacer una valoración concreta de los platos.

Lo que sí queda confirmado es que fue la cena del jueves 15 de octubre y que el importe total fue de 38,30 €.

Entre la comida en Alley Mian, la merienda en Maison Dandoy y la cena en Manhattan, gasté 101,20 € en esas tres comidas.


Día 4. SUN, el Centro Belga del Cómic, Alley Mian y el regreso a Barcelona

Viernes, 16 de octubre de 2026

El último día todavía tenía tiempo para desayunar, visitar un museo, volver a uno de mis restaurantes favoritos y pasear antes de regresar a Barcelona.

Desayuno en SUN: katsudando y café americano

Empecé el día desayunando en SUN, donde pedí katsudando y un café americano.

El importe registrado fue de 13,50 €.

Me pareció una propuesta interesante por incluir un plato japonés como el katsudando. Me gusta descubrir este tipo de opciones cuando viajo, especialmente porque la gastronomía japonesa es una de las cocinas que más disfruto explorando.

Belgian Comic Strip Center: la tradición belga del cómic

Una de las visitas culturales del último día fue el Belgian Comic Strip Center, el Centro Belga del Cómic.


Bélgica tiene una tradición importante en el mundo del cómic, con personajes tan conocidos como Tintín y los Pitufos.

El museo permite acercarse a la historia de la historieta, sus autores y su importancia dentro de la cultura popular del país.

Me parece una visita interesante para quienes disfrutan del dibujo, la ilustración y los cómics. También es una manera diferente de conocer Bélgica, más allá de las instituciones europeas y los edificios monumentales.

Segunda visita a Alley Mian

Para comer volví a Alley Mian.

Después de la experiencia del día anterior, tenía ganas de repetir. Normalmente, cuando viajo, prefiero probar sitios diferentes, pero hay restaurantes que merecen una segunda oportunidad.

En esta ocasión pedí raviolis picantes y sopas de fideos con ternera.

La cuenta fue de 50,40 €. Entre los platos registrados estaban los raviolis picantes, por 8,80 €; una sopa de fideos con ternera, por 21,80 €; otra sopa de fideos con ternera, por 15,80 €; y una Coca-Cola Zero, por 4 €.

La segunda visita confirmó que Alley Mian había sido uno de mis grandes descubrimientos gastronómicos de Bruselas.

Me gustaron los fideos, los raviolis y el estilo de la propuesta. Es uno de los restaurantes que destacaría especialmente si alguien me preguntara dónde comer en la ciudad.

Puerta de Halle

Después de comer, visité la zona de la Puerta de Halle, una construcción histórica relacionada con las antiguas fortificaciones de Bruselas.

Es una parada interesante para quienes disfrutan del patrimonio histórico y quieren conocer una parte del pasado de la ciudad.

Compras en Lidl y regreso

Antes de volver al aeropuerto, compré chocolate en Lidl.

Fue una compra sencilla antes de regresar a Barcelona. Aunque el chocolate belga es uno de los productos más conocidos del país, en este caso lo compré en un supermercado.

Por la noche cogí el vuelo Vueling VY8985, con salida de Bruselas a las 21:35 y llegada a Barcelona a las 23:45.

Con ello terminó la escapada de cuatro días.

En los apuntes del viernes también aparecen movimientos en Bar Festiv por 17,40 €, Horizon Blue Zones por 13,50 €, ABRU PanosA por 9,70 € y SNCB por 11,60 €. No tengo recuperado el concepto exacto de cada uno, así que prefiero no inventar qué consumiste ni qué trayecto corresponde al cargo de transporte.


Mi experiencia gastronómica en Bruselas

La gastronomía fue una de las partes más interesantes del viaje. No porque todos los sitios me sorprendieran, sino precisamente porque encontré diferencias importantes entre unos y otros.

Frites Atelier me gustó por sus patatas fritas abundantes, aunque los 20,21 € que pagué hacen que no sea una opción económica. Auntie Cafe fue una cena de cocina cantonesa que me permitió probar diferentes platos. Y WOLF Food Market no terminó de convencerme: lo visité, pero preferí no comer allí.

Sin embargo, Alley Mian fue el gran descubrimiento gastronómico de la escapada. Me gustaron los fideos, los raviolis picantes, la variedad de la carta y el ambiente moderno. La primera cuenta fue de 51,40 € y la segunda, de 50,40 €.

Sí, son importes considerables, pero me gustó tanto que decidí volver al día siguiente.

También probé diferentes dulces, como el gofre de manzana con caramelo de Galet The Mint y el Sweet Manneken-Pis de Maison Dandoy. Son experiencias que forman parte de la gastronomía local, aunque los precios demuestran que una merienda puede terminar costando bastante dinero.

¿Cuánto cuesta una escapada a Bruselas?

El vuelo de ida y vuelta me costó 328,98 €, mientras que el alojamiento en el Best Western City Centre supuso 444,92 €. Entre vuelos y hotel, el coste fue de 773,90 €.

A eso hay que añadir las comidas, el transporte, las compras y otros gastos. Solo en las tres comidas registradas del jueves 15 gasté 101,20 €. En cambio, la comida de 41,23 € en La Taverne de ZHAO fue una invitación y no salió de mi bolsillo.

El presupuesto final anotado al cerrar el viaje fue de 859,46 €, aunque todavía hay movimientos pendientes de conciliar para comprobar exactamente qué gastos están incluidos en esa cifra.

Por eso, prefiero distinguir el presupuesto cerrado del viaje de los importes individuales recuperados posteriormente. Es la única manera de evitar sumar dos veces un mismo gasto o contabilizar como propio algo que pagó otra persona.

Mi valoración final: ¿merece la pena visitar Bruselas?

Después de cuatro días, mi impresión general de Bruselas fue bastante moderada.

Ya había visitado Brujas, Gante y Amberes años atrás y aquellas ciudades no me habían convencido demasiado. Esta vez quería conocer la capital, pero sin grandes expectativas.

Encontré museos interesantes, edificios monumentales y lugares que merecieron la pena, pero también zonas que me parecieron sucias y visitas que me dejaron bastante indiferente. El Hemiciclo del Parlamento Europeo fue una de las experiencias que menos me aportaron, mientras que el Parlamentarium me pareció más didáctico.

La gastronomía fue una de las partes más positivas, especialmente por el descubrimiento de Alley Mian. Fue un restaurante al que volví y que recomendaría a quienes disfruten de la cocina china, particularmente de las sopas de fideos y los raviolis picantes.

Creo que Bruselas puede ser interesante para quienes disfrutan de los museos, la historia europea y la gastronomía internacional. Pero mi recomendación es no idealizar el destino antes de llegar y sacar tus propias conclusiones.

No todos los lugares tienen que enamorarte. A veces un viaje sirve para confirmar que una ciudad no es para ti; otras veces descubres pequeños lugares que terminan convirtiéndose en lo mejor de la experiencia.

En mi caso, Bruselas fue una mezcla de visitas culturales, impresiones desiguales y buenos descubrimientos gastronómicos.

¿Has visitado Bruselas? ¿Qué impresión te dejó la ciudad y qué restaurantes recomendarías?

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